Posterior
a la épica clasificación, llegaron los tan ansiados partidos amistosos de
preparación contra Croacia, Islandia, Escocia, Arabia Saudita y Suecia. En esos
momentos de afiebrado entusiasmo y desbordantes ganas de ver y comprobar en qué
nivel se encontraba la selección peruana, los cuatro triunfos y un empate
conseguidos hicieron sentir una enorme expectativa a toda nuestra hinchada.
Muestra de ello es el gran esfuerzo que muchísimos peruanos hicieron para
llegar al país euroasiático en busca de apoyar a la selección y verla triunfar.
En esos momentos no importaba quedarse endeudado o vender el auto o hasta la
casa, lo único que importaba era acompañar a la bicolor para llegar a tocar la
gloria en aquel lejano y gélido país.
Durante
el torneo celebrado en Rusia, la blanquirroja no pudo clasificar a la segunda
etapa, quizá la poca experiencia y roce internacional de varios de sus
jugadores le restaron a la hora de concretar en las instancias definitivas de
los primeros dos partidos, en especial el partido contra Dinamarca, donde a
partir de aquel penal errado por Christian Cueva, los dirigidos por Ricardo
Gareca no consiguieron sobreponerse, denotando de esta manera una ausencia de
jerarquía futbolística y fortaleza mental para manejar dicha situación. Lo que
vino después con el triunfo sobre una indudablemente inferior Australia, es
solo un tema anecdótico. La verdad es que a Perú le faltó nivel e inteligencia
emocional y su técnico debió dar cuenta de ello.
Luego
de nuestra aventura en la copa del mundo, llegaron los partidos amistosos
contra Holanda y Alemania, dos equipos en franco recambio generacional. El
primero, con un conjunto de figuras que no pudieron llegar a la cita
mundialista y el segundo, una desdibujada selección teutona que decepcionó en
el mundial al no ser capaz de clasificar a octavos de final siendo despedida
nada menos que por una ya eliminada Corea del Sur. Se suponía que ambos cotejos
servirían para regresarle la confianza a los seleccionados peruanos de cara al
futuro y para demostrarle al mundo que la baja performance en el mundial fue
solo una mala experiencia de una selección que iba en pleno crecimiento. Saldo
final, dos derrotas y un equipo que había perdido funcionamiento.
Posteriormente,
llegaron otros amistosos. Un triunfo por 3 a 0 ante Chile, selección que ya no
era la misma que campeonó en las dos Copas América anteriores en las cuales
gozaron de su mejor generación de futbolistas de todo su historia. Poco
después, un tibio empate frente al combinado estadounidense y las duras
derrotas ante Costa Rica y Ecuador en Arequipa y Lima respectivamente, fueron
señales inequívocas de que la selección peruana estaba entrando en un proceso
de debacle anímico y futbolístico. Ya en este 2019, un aburrido y algo
preocupante triunfo ante Paraguay, sumado a una inexplicable y surrealista
derrota frente a El Salvador por 2 a 0 en un partido en el cual los
centroamericanos llegaron solo en una ocasión al arco peruano, viéndose
beneficiados con un desafortunado autogol de Miguel Trauco, fueron la seria
confirmación de que el equipo no iba bien.
Ahora
bien, el último partido contra Costa Rica disputado en el estadio monumental de
Ate no fue más que un ensayo de lo que Gareca quiere proponer en la siguiente
Copa América de Brasil, y francamente se mostró muy poco. Un gélido triunfo por
1 a 0 no hacía más que reconfirmar lo ya visto en partidos anteriores. Una
llamativa debilidad en defensa que se ha ido incrementando desde la salida de
Alberto Rodríguez en la zaga central y muchas malas decisiones en nuestro par
de laterales titulares que crean más dudas que seguridades. Un enorme falta de
ritmo en el juego en la media cancha, sin asociaciones ni dinámica alguna. Y
finalmente, un escaso poderío ofensivo que nos impide anotar más de un gol en
cada partido. El último partido ante el seleccionado colombiano nos hizo chocar
contra nuestra dramática realidad, un 3 a 0 que duele en el orgullo y rompe
cualquier ilusión de ver a la selección peruana pasando a instancias finales
del torneo sudamericano.
No
quisiera ser tan pesimista pero dado el contexto y las varias pruebas que ha
tenido nuestro combinado nacional, tal parece que si el entrenador no vuelve a
reanimar a sus dirigidos y lograr sacar de nuevo lo mejor de cada uno de ellos,
esta selección estará condenada a quedar eliminada en fase de grupos teniendo
en cuenta que rivalizará contra la anfitriona Brasil, la cada vez más
sorprendente Venezuela y Bolivia, rival que siempre nos hace buenos partidos en
cualquier competencia; por lo cual, no será un camino nada fácil. Esperemos que
salgan a flote las capacidades de cada uno de los seleccionados peruanos y que
los jugadores tomen en cuenta que no solo se estarán jugando sus nombres de
forma individual sino que por delante de eso está el nombre y los colores de su
nación, que recuerden que ahora son ex-mundialistas y que lo que viene debe ser
para bien y no un triste endgame.







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