Todos
quieren tenerla, pero pocos la saben tratar. Muchos la tocan, pero pocos la
respetan de verdad. Varios la quieren consigo, pero pocos son capaces de
sacrificarse por ella. El amor por la pelotita es sinónimo de la excelencia técnica
y acá lo paso a explicar.
Tener la capacidad para dominar la
pelota, y todo lo que esto implica, es indispensable para jugar al fútbol.
Empezar desde muy pequeño nuestra relación con la pelota es una conexión de por
vida, uno de esos primeros amores que nacen a primera vista, que se acrecienta
con cada caricia, que se perfecciona con la constancia y las buenas prácticas
del día a día y que se fortalece con el deseo de tenerla siempre a nuestro lado
y darle con delicadeza todo lo mejor de nosotros en pos de cuidarla y nunca
perderla ante un adversario por más que este se esfuerce en arrebatárnosla.
Cuando un futbolista juega con la
pelota, no solo la patea o la toca por obligación; sino también, le imprime su
fuerza, su creatividad y su sello personal. Nadie la debe tratarla mejor, nadie la puede engreír más, en fin, nadie puede llevarla y dominarla como él. Y es
que una relación tan hermosa solo debe conocer de afecto y mucho respeto, ese
respeto que nos hace sentir que por más que las circunstancias no sean
favorables, siempre se la tiene que tocar con inteligencia y hasta con astucia,
ya que todos sabemos que si no sabemos cuidarla como se debe, la perderemos y
quizás nos haga daño.
Asimismo, la técnica en los
futbolistas es un talento que va de la mano con su habilidad y su capacidad
para poder ejercerla y la eficiencia para ejecutar los movimientos y jugadas necesarias
sobre todo en los momentos complicados y en los que se requiere de la frialdad e
inteligencia del jugador. Mientras mayor sea el apego al buen trato de la pelota,
mayor será la facilidad para salir airoso de todas las circunstancias del partido,
aunque eso implique arriesgar la integridad. Es ahí donde la técnica se vuelve
algo más, porque a la pelota no solo se debe saber tratar, proteger y respetar,
sino que también se debe saber sacrificarse por ella y a eso se le llama amor.
En la historia del fútbol han existido
enormes futbolistas que han profesado su gran amor por la pelotita, la mayoría
de ellos la tocaban de manera virtuosa demostrando su excelente técnica, la cual les permitía realizar las jugadas más maravillosas, inverosímiles y
fantasiosas que se hayan podido conocer. De estos tenemos clarísimos ejemplos, maestros del fútbol. Uno de ellos, Johan Cruyff, crack que revolucionó
el fútbol holandes y catalán con su excelente liderazgo y particular fantasía y depurada técnica. Otro crack fue
Alfredo Di Stefano, que con su exuberante amor por la pelota y enorme cuota de goles cambió la historia
del Real Madrid para toda su existencia.
Con el paso del tiempo hemos
podido disfrutar de muchos otros futbolistas que amaron y aman a la pelotita,
pero que mejor que referirnos a los dos más grandes futbolistas de nuestros tiempos,
Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, dos cracks, dos monstruos, dos fenómenos del
fútbol que partido a partido durante más de diez años nos demuestran su inmenso
amor por la pelota. Juntos han hecho de esta relación un inolvidable triángulo
amoroso, lleno de muestras de afecto de ambos por la toda poderosa pelotita y
muestra de ello son los cinco balones de oro que cada uno tiene en sus respectivos hogares. Y es que la técnica en el fútbol es así, simple y completo amor por la
pelotita.

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